Kepa de Enbeita, el “Ruiseñor de Euzkadi” (I)
 

Ternua
Baserriak
La Batalla de Matxitxako
El gran Kepa, viejo capitán

Kepa de Enbeita, el “Ruiseñor de Euzkadi” (I)

Kepa de Enbeita, el “Ruiseñor de Euzkadi” (I)

Sin escuela- Pedagogía castellana- Sebastián de Arrien- Los “bertsos” de las ferias de Gernika

SIN ESCUELA

-¿Y la escuela?
-Cerrar.
Apenas si hacia cuatro meses que funcionaba la escuela de la barriada de Ariatza. ”Jon maxua” había sentido en su cuerpo el cosquilleo de las grandes empresas y partía hacia América.
Maestro improvisado, había sabido crear a su alrededor una atmosfera de simpatía. Y todos le querían. Por lo demás, había puesto al servicio de la escuela una pedagogía que hacía muchos años impusiera un hijo de un carpintero de Nazaret: la del amor.
Aldeano perfecto, su escuela en los primeros meses de funcionamiento había cumplido su misión: los aldeanillos euzkaldunes conocían las letras del “Catón”, sabían la doctrina cristiana de memoria y algunas otras letras. ¡”Jon maxua”!
Cuando Kepa de Enbeita, el del caserío de “Usperetxa-jauregi”, supo que no había escuela, a punto estuvo de trenzaren el aire una zapateta. Permaneció quieto, -quietecito contra costumbre-, porque pensó que sin escuela era más difícil reunirse con los amigos. También “Jon maxua” había sido bueno. Aldeano, al fin. Pocos castigos, mucho euzkera, reconvención tras reconvención siempre que había que corregir algo mal. Y como fruto, aquel conocimiento del “Catón” y aquel saberse de memoria la doctrina cristiana, que a María de Errenteria, la etxekoandre le llenaba de alegría.
Siete años no eran muchos para Kepa fuera solo a la escuela de la parroquia, en Muxika. Se determinó en conveniencia de esperar un poco. Y así, en el olvido completo del “Catón”, correteando por las heredades, rubias y verdes-trigo y maíz- , se fueron dos años veloces.
Las piernas de Kepa-¡oh, sí hablaran los ….!- se habían endurecido. En subir y bajar la cuesta que conduce desde la carretera hasta “Usperetxa-jauregi”, andaba Kepa mucho más que los cuatro kilómetros y medio que separaban la vieja casería de los Enbeita de la escuela de la parroquia.
Y un día le dijeron:
-Mañana irás con ama a la escuela de la parroquia.
-Bien- contestó el aldeanillo, aunque nadie le había pedido su parecer.
En verdad que hasta la continua felicidad hastía. Y Kepa de Enbeita había corrido dos años largos por las heredades, luchando con sus amigos y apedreando la atmosfera de tal forma, que al lanzar fuertemente la piedra, cuando no era un ……sordo, era un silbar agudo con el que el aire se quejaba de las travesuras aldeanas.

PEDAGOGIA CASTELLANA

Los cuatro kilómetros y medio hasta la escuela de la parroquia, sostenida por el …..español, los salvaba Kepa rápidamente. Era mucho su deseo de reunirse en la plaza con sus nuevos compañeros. La escuela era una planta baja, regularmente amplia. En el primer piso se hallaba el Ayuntamiento. Y un poco más lejos, los tres o cuatro tejados de la iglesia parroquial, magníficamente ideales para un aguafuerte.
De las primeras lecciones Kepa no entendió ni palabra. No por el texto, más o menos enrevesado, Ni por el maestro, figura enjuta y cara con barbas. No. Simplemente, no entendía. Las pocas palabras castellanas que habían retenido su memoria las había oído en la carretera. Y para nada servían allí. Y como el maestro daba sus lecciones en castellano y tenía prohibido hablar en euzkera….
Fue uno de la barriada de Ariatza también el que, apenas Kepa se había desahogado de la estrechez de la clase y del agobio de las ininteligibles lecciones, en el recreo, el que le entrego el anillo roñoso.
-No lo pierdas.
Kepa enfundo su puño en el bolsillo del pantalón y siguió jugando….¡pero jugando en euzkera!
Del anillo roñoso apenas si se acordaba que lo tenía olvidado en el fondo del bolsillo, cuando el sábado al a tarde, el maestro preguntó:
-Muchachos, ¡quien tiene el anillo?
-¿Qué dice?-preguntó Kepa al de al lado con un expresivo codazo.
El preguntado, con una cara triste, musitó:
-Ha dicho que quién tiene el anillo.
El maestro volvió a insistir:
-A ver, a ver, ¿Quién tiene el anillo?
Kepa , advertido , saco del pantalón lo que se pedía y, avanzando, contesto en euzkera:
-Esto tengo yo.
Un mucho por la osadía de la contestación en euzkera, otro mucho por la necesidad de la imposición de aquella pedagogía que cohibía para siempre el alma infantil aldeana, impidiéndole expansionarse en la única lengua que poseían, el castigo fue feroz.
Desde la cabeza hasta los pies, Kepa sacó dolorido todo el cuerpo. Pero no lloró.
Apretando los dientes, a la salida, después de envolver en una mirada amarga aquel edificio que tan odioso se hacía desde los primeros días. Kepa regresó a “Usperetxa-jauregi”. Y debía de tener razón el maestro castellano con aquel original método castellano, porque apenas perdía de vista la escuela, todos los aldeanillos que acudían a ella desde la barriada de Ariatza rompieron a hablar y correr en euzkera, que ahora con la prohibición se les antojaba más dulce y más tierno, como las cosas que bien se conocen porque se aprendieron en la niñez.
La semana siguiente, desde el lunes, tenia Kepa el anillo en el bolsillo. Apenas si podía entregarlo a nadie, porque ¿cómo darlo si forzosamente el traspaso había de realizarlo con palabras euzkéricas , y esto solo bastaba paraqué nuevamente quedara en su poder?
Y fueron rodando el martes, el miércoles, el jueves….
El mediodía del sábado, después de la comida. Kepa se apartó cautelosamente de sus amigos. Se aproximó al tejado de la iglesia, apretó en su mano el anillo, y ¡hala! Que se lo devolviera el tejado si quería.
A ver, muchachos, ¿quién tiene el anillo¿- interrogó el maestro castellano, caída la tarde.
-Yo no, yo no-fueron diciendo todos los escolares. Y nadie lo tuvo.
Kepa corrió aquella noche a “Usperetxa-jauregi” más contento que nunca. No había caído él en los primeros momentos que no era tan grave el problema. Del tejado de la parroquia tenia él el mejor concepto. Y durmió feliz viendo muchos anillos entre las tejas, tantos, que hasta la torre llegaban trepando por la enhiesta punta negra del pararrayos.
Cuatro anillos fueron a parar donde el primero. El euzkera renacía en la pequeña escuela. El maestro castellano, cejijunto preocupado, púsose sobre aviso. Y un sábado, cuando nuestro Kepa se despedía con un” ¡eup!” de la roñosa arandela mortificadores, el maestro lo vio. Y silencioso, con un callar presagio de desgracias, entro en la escuela, seguido de Kepa, que sentía una viva inquietud en su corazón.
Aquella tarde no pregunto el maestro quien tenía el anillo. Despacio, saboreando su venganza, se acerco hasta el banco de Kepa. Cogióle a este y amorosamente, con la dulzura de las palabras que en su pronunciación tenían un dejo extraño, como si sonaran a falsas, fue llevándolo hasta la cabecera de la clase. Y allí, ante todos aquellos euzkaldunes, sobrecogidos, aterrorizados, la emprendió a puntapiés y puñetazos con los nueve años de nuestro aldeano, que en un ovillo, pero sin llorar, sentía magullarse el cuerpo….por el euzkera, del que luego había de ser el cantor más insigne que ha dado la patria.
Todo su cuerpo señalo un hematoma doloroso. Juan Antoni de Enbeita y María de Errenteria decidieron que su hijo Kepa no volviera a la escuela castellana.
Pesó notablemente en los razonamientos el que en los dos meses de asistencia a ella Kepa no había aprendido nada. Bueno, nada no sabemos, si es justo decir. Porque Kepa de Enbeita, como todos los muxikatarras de aquel tiempo, deben al maestro castellano de enjuta figura y cara de barbas un entrañable amor a idioma que se habla en sus hogares.
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Parroquia de Muxika

SEBASTIAN DE ARRIEN

El castellano con titulo no enseñaba nada. Sebastián de Arrien, el molinero de Ariatza, vio en aquella especialísima disposición del maestro de Muxika un incentivo para sanear s u hacienda domestica. Y allí, junto al molino, al otro lado de la carretera, abrió una escuela, que pronto tuvo muchos discípulos atentos y estudiosos.
Leer, escribir y las cuatro reglas aritméticas aprendieron rápidamente los discípulos del bueno de Sebastián.
Kepa de Enbeita hubo de abandonar la escuela, donde ahora se sentía tan bien. Porque, además de la necesaria compañía infantil para sus luchas y peleas, el mutiko se sentía instruido. Ya no era el silabario del “Catón”. Era leer de corrido….Sobre todo aquellos bertsos que vendían por una perra en las ferias de Gernika. ¡Como se le iban los ojos tras ellos! ¡Y como retenía en su memoria las ocho estrofas que componían cada uno!
De memoria, Kepa de Enbeita, mientras ayudaba a los bueyes, o a trabajar en la heredad, o mientras se especializaba en la cestería, logro aprender veinticuatro bertsos. ¡Y qué bien sonaban! Algunos días, instintivamente, en la paz del caserío que cobija el monte Atxalai, Kepa, trabajando, cantaba….Y cantaba, cantaba con tonadas propias que le venían a la cabeza con el susurro del viento y el piar de los pájaros, siguiendo quizá el vuelo atolondrado de las golondrinas, aquellos bertsos que, en euzkera, se vendían los lunes en las ferias de la villa foral bizkaina.

ANDIMA DE ORUETA.

Diario "Euzkadi"