Baserriak
 

Ternua
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Baserriak

Arbolarte (Larrabetzu)
Arbolarte
Bizkaia cuenta con 15.000 caseríos repartidos por todo el territorio

EL CASERÍO es la construcción típica rural de la mayor parte de Euskal Herria entre los siglos XVI y XX. En Bizkaia, el parque de este tipo de edificaciones con su imagen romántica, cubierta a dos aguas y rectangulares se conserva en gran medida y, aunque van desapareciendo algunos en las zonas más próximas a las grandes urbes, actualmente existen unos 15.000 baserris repartidos por todo el territorio.

Aún quedan restos parciales de los caseríos iniciales, formando parte de los actuales, pero «no puede ni debe buscarse la existencia de un caserío originario» ya que surgen de manera conjunta, por centenares, en la última década del siglo XV (1490-1500), explica el arquitecto Juan Ángel Larrañaga, uno de los autores del libro La arquitectura del caserío en Euskal Herria. «Esto no significa que no existieran caseríos anteriores a esta fecha, pero eran otro tipo de edificaciones, de pequeñas dimensiones y cada una con su función: una para vivienda, otra para el grano..», comenta. Y, precisamente, la principal característica del baserri es la «autosuficiencia». En ellos coexiste la vivienda, la cuadra para el ganado, el pajar, la zona de taller, el almacén para los alimentos... «La idea es que el caserío debía de tener suficientes cosas como para autoabastecerse».

Así, con la llegada de un periodo de bonanza económica, que coincide con la salida de la Edad Media y que «invita a gastar más y con más alegría», empezaron a construirse edificios más grandes, con materiales de calidad y con una estética más o menos parecida en todo el territorio. Eran lo que actualmente conocemos como el caserío vasco. «Sucede de golpe. Hacia el año 1500 empiezan a edificarse miles de baserris», apunta. Las antiguas construcciones se derriban «gustosamente» por lo que se conserva muy poco de ellas.

A ello contribuye también el desarrollo de los conocimientos técnicos de los antiguos artesanos. Y es que «hay que romper el mito de que los caseríos los construían los propios labradores. Es falso. Los artesanos, actuales arquitectos, que también hacían otro tipo de edificaciones, como catedrales, son los verdaderos constructores del caserío».

Los usos del baserri

En las primeras construcciones, tan sólo el 20% del caserío se destina a vivienda ya que el resto es necesario para cumplir con el objetivo de un hogar autosuficiente. «El baserri es para una unidad familiar, abuelos, padres e hijos, y todos dormían en el mismo sitio, a veces, también los que trabajaban en el caserío», explica Larrañaga. Sin embargo, las necesidades de los baserritarras van cambiando con el paso del tiempo. Así, a partir de 1650, se se empiezan a diferenciar dormitorios, lo que afecta a la distribución: «Aparecen caseríos más grandes y las habitaciones pasan a la zona de arriba, donde hasta entonces se guardaba el grano, y éste pasa a la bajocubierta».

Además, hasta ese momento, los caseríos eran propiedad del baserritarra, pero la pérdida de apuestas de juego, los nuevos matrimonios o la ruina de los labradores hacen que algunos acumulen propiedades y surge la figura del arrendatario. «Si no ocurría algo así, la transmisión del caserío de padre a hijo se llevaba a rajatabla».

De la colaboración entre los arquitectos José Luis Loinaz, Alberto Zulueta, el propio Juan Ángel Larrañaga, y el historiador Alberto Santana, nació el libro La arquitectura del caserío en Euskal Herria, un documento «inédito» que recoge la historia, la tipología y los usos del baserri y que ha sido galardonado con un premio del Colegio de Arquitectos Vasco Navarro.

¿Hemos perdido caseríos?

El parque se mantiene en gran medida, aunque se están perdiendo caseríos en zonas próximas a las urbes. Lo que sí han tenido han sido muchísimos cambios. Caseríos originales, realmente, hay muy pocos.

¿Renovarse o morir?

Se han modificado enormemente. Reconstrucciones completas ha habido muchas a lo largo de la historia ya que los caseríos se han quemado mucho porque su estructura es, generalmente, de madera. No tiene sentido dejar que se pierda esta propiedad mientras sirva para vivir por eso se han rehabilitado.

¡Debe costar una fortuna!

Lo que pasa es que en este país se ha despreciado mucho el edificio histórico. En Europa, en vez de apostar tanto por la modernidad se han preocupado de los edificios antiguos. Esta idea está llegando ahora a Euskadi lo que hace que gran parte del gasto de los caseríos provenga del descuido de muchos años atrás.

¿Ayudan en algo las instituciones?

Se está empezando a clasificar la arquitectura popular para conocer lo que tiene valor histórico y mimarlo. No podemos ir tirando las cosas por la borda como si fuéramos nuevos ricos. De esto viene que luego lleguen ayudas de las instituciones.
Entonces, si le dejan a uno en herencia un viejo caserío, ¿es una ruina?
Se puede vender y le aseguro que se compran caro. Son muy golosos.

¿Para qué los quieren?

Algunos para crear un agroturismo.
Y, ¿de casita para ir los fines de semana?
Es una época pasada, aunque puede suceder en zonas lejanas a las urbes. Sin embargo, la mayoría de la gente que tiene un caserío vive en él y de él, de una forma u otra.

¿Se puede hablar de nuevos caseríos?

Se hacen viviendas unifamiliares con aspectos formales derivados de los antiguos case-ríos, con su mismo aspecto romántico, pero no son estrictamente un baserri.

Fuente Deia y el libro La arquitectura del caserío en Euskal Herria

Entre las fotos contenidas en esta web puedes ver algunas fotos de caserios vascos. Las fuentes del texto y fotos hay que agradecer al DEIA y al libro de los arquitectos José Luis Loinaz, Alberto Zulueta, el propio Juan Ángel Larrañaga, y el historiador Alberto Santana, La arquitectura del caserío en Euskal Herria.
El tipo por excelencia de vivienda rural es el caserío, junto al cual incluiremos todos aquellos edificios o construcciones que componen la casería, pues entendemos que el conjunto de la casa y casería es el que hace posible que se desarrolle normalmente la vida en el medio rural.

En el concepto de casería se incluye, además de las fincas rústicas unidas o cercanas a la vivienda, el hórreo, horno, lagar, etc., como puede verse a través de la documentación. El horno de cocer pan es un pequeño edificio con el que cuentan la mayor parte de las viviendas. Sus paredes están construidas de piedra y se cubre con un tejado a doble vertiente de teja, siendo de resaltar que su cubierta nunca está compuesta de tablillas de haya ni de paja. Una especie de portalón abriga de la lluvia a la mujer entregada a la faena de cocer el pan, tarea que normalmente se realiza una vez por semana. Este pequeño edificio podía estar adosado a un lateral del edificio o ser exento.


Otro de los elementos componentes de la casería es el hórreo. Todavía hoy en día podemos ver hórreos próximos a los caseríos; sin embargo, no parece que se conserve ningún ejemplar semejante al descrito por Iturriza, aunque sí hemos podido ver algunas piezas sueltas del mismo, concretamente en Bérriz y Andicona. Siguiendo la descripción dada por Iturriza, el hórreo, llamado vulgarmente garaija, se alza a unos veinte pasos de la casa y está destinado a guardar semillas, manzanas, castañas, nueces, etc. Se eleva sobre cuatro o seis pilares, en los que se coloca un rodezno de piedra cuya función es evitar que se introduzcan ratones o sabandijas; sobre estas piedras se alza el edificio del hórreo propiamente dicho, al que solía accederse a través de una escalera portátil. Los hórreos que se conservan en la actualidad, como ya hemos señalado, no son de este tipo, y no sabemos si éstos han sustituido a los anteriores o si ambas formas han convivido conservándose sólo una de ellas; estos hórreos son edificios rectangulares con paredes dc piedra hasta media altura, sobre las cuales se alza un entramado de madera, cubierto a dos aguas.

El tercer elemento a destacar en los caseríos son los lagares, de gran importancia en la economía vizcaína, dedicados fundamentalmente a la obtención de la sidra. Las menciones a lagares en la documentación son muy abundantes; al respecto podemos citar la que aparece en la fundación de la casería de Muniozguren en 1493, o a la del compromiso establecido entre Cenarruza y Martín de Mañorca y su mujer Sancha de Ibargüen, en el que estos últimos se comprometen a edificar una casa con sus lagares en el sel de Arritolaza, entregado por la colegiata a ambos cónyuges en censo enfitéutico.

Si bien la mayor parte de los caseríos cuenta con estas edificaciones complementarias, no todos ellos son iguales, pudiéndose diferenciar diversos tipos de caseríos. En primer lugar, en función de su dedicación, habría que distinguir entre el caserío aldeano, que centra su actividad exclusivamente en la ganadería, y el del labriego, cuya principal actividad es la agricultura. El primero dedica toda la planta baja a las cuadras, reservando la parte superior a vivienda, incluida la cocina.

En el segundo caso, el caserío tiene parte de la vivienda en la planta baja, en la que se ubican al menos la cocina y algún dormitorio. También existen ciertas diferencias entre los caseríos en función de su localización.

Así, en los de las Encartaciones se manifiestan influencias de las áreas limítrofes de Santander y Burgos; en esta zona, el caserío tiene una planta cuadrada y la techumbre está abierta a cuatro aguas, al tiempo que es más frecuente el uso de la piedra para todo el edificio que en otras zonas de Vizcaya.

Pero, a excepción de lo anterior, lo que puede decirse es que el caserío vasco acusa muy pocas variaciones. Normalmente, tres crujías perpendiculares a la fachada principal le dividen en tres partes, siendo la central mayor que las laterales y de construcción más ligera, construida casi exclusivamente en madera proporciona un carácter muy peculiar al caserío, esta parte central tiene un portalón, cuyo dintel -una gruesa viga de roble- está apoyada sobre un pie derecho, también de roble y sobre los muros de piedra que cierran los laterales. La primera planta suele ser de madera o de entramado de madera relleno de ladrillo y, en general, no suele tener gran altura. Sobre esta planta se alza el sobrado con el techo inclinado en función del tejado. Precisamente, el tejado es uno de los rasgos más característicos conservado hasta nuestros días; es grande, poco pendiente y con el eje perpendicular a la fachada principal. Seguramente en tiempos primitivos estos tejados estaban cubiertos con tablillas de haya.

Hay que hablar también de otro tipo de caserío, procedente del último tercio del s.XV , y cuyo origen son las antiguas casas. torre, que, después de haber sido desmochadas, fueron perdiendo su carácter defensivo y bélico, para convertirse en viviendas rurales; éste es el caso de la casa de Aranguren en el valle de Orozco, que tiene la base cuadrada, con una puerta en arco en la planta baja y otra puerta en el primer piso, ala que se accede por un patín; o bien, el caserío de Elorriaga, donde la pared posterior mantiene las saeteras perfectamente conservadas.

Por lo que se refiere a la distribución interior de los vanos, en los caseríos de portalón, la cocina está normalmente en la planta baja, junto a la cuadra, para aprovechar su calor. Allí se realizaba la vida, se cocinaba, se comía, se permanecía en los ratos libres.

En esta planta se ubicaba también en ocasiones algún dormitorio, pero normalmente éstos, lo mismo que la alcoba principal y alguna sala, estaban en el piso superior. En la planta baja, la cocina solía ocupar uno de loS laterales, dado que la parte central, en la que se encontraba el portalón, estaba ocupada por éste, la escalera que llevaba al piso superior, así como el acceso a las cuadras, que se situaban en la parte posterior. El portalón desempeña una función importante, ya que en él se realizan trabajos de carácter artesanal, o se arreglaban los aperos de labranza en aquellos períodos en que el trabajo en el campo era menor. El primer piso, como ya hemos apuntado, alberga el resto de las habitaciones, y, normalmente, sólo se visita para dormir, pero, en ocasiones, la cocina aparece en esta planta, con la que su frecuentación es mucho mayor. Por lo que se refiere al sobrado, su función principal es la de guardar o poner a secar las manzanas, nueces, fruta y productos de la huerta en general.

En los caseríos sin portalon, y con acceso a la vivienda del piso superior a través de un patín o escalera exterior, la vida se realizaba también alrededor del fuego, situado éste en el primer piso. En estos casos, la planta baja está reservada exclusivamente a los animales ya almacén de los instrumentos de trabajo, mientras que el desván tenía la misma función que en el caso anterior.

Es muy posible que, dejando de lado las villas nacidas y desarrolladas inicialmente con una cierta espontaneidad, en las demás, al ser fundadas, el terreno destinado a edificación fuera fraccionado en lotes iguales, concediéndose a cada poblador un solar para la construcción de su vivienda. Así lo establece la carta-puebla de una villa guipuzcoana, la de Villarreal de Urrechua, y podemos suponer que en Vizcaya, aunque no hay constancia documental sobre el particular, sucedería lo mismo. Sin embargo, la igualdad del tamaño de los solares no se mantiene sino que se ve alterada con el tiempo.

Allí donde la desigualdad económica de los moradores es grande, pronto los vecinos más poderosos se hacen con solares mayores de lo que les corresponde, bien a través de la compra, bien usurpándolo a sus vecinos por la fuerza. Por otra parte, el aumento de población en las villas provoca también modificaciones en el tamaño de los solares.

Frente a la presión demográfica, se fragmentan, normalmente en partes iguales, dando lugar a una multiplicación de los mismos en base a la reducción de su tamaño. y el fenómeno opuesto también se produce en ocasiones; en efecto, cuando las condiciones de vida que ofrece la villa no son muy atractivas, quedan solares sin adjudicar a nuevos pobladores, y, por lo tanto, permanecen sin edificar, pudiendo ser convertidos en huertas por los moradores.


El problema mayor se produce en el primer caso, cuando ante la falta de solares para la construcción de casas en el interior de la villa, hay que buscar soluciones para la ampliación de la vivienda sin modificar el tamaño dcl solar. En este sentido, destaca el hecho de la construcción de los diversos pisos en voladizo, es decir, avanzando sobre el paramento de la fachada principal, con lo que se conseguía una mayor superficie para los superiores.

I. CASAS DE MADERA

Sobre estos solares se edifican las viviendas. Vizcaya, zona de gran riqueza maderera, utiliza este material para la construcción de las casas, Y puede decirse que en el momento de fundarse las villas la totalidad de las viviendas se construían con este material; sin embargo, debido a los innumerables incendios, totales o parciales, que asolan las villas, desde mediados del s. XV , comienzan a construirse casas de cal y canto. Pese a ello, la construcción en madera seguirá siendo predominante. Así, en el Fuero Viejo, al enumerarse los materiales de construcción, la madera aparece en primer lugar, y todavía en 1457 la villa de Durango estaba totalmente edificada en madera.

Estas casas se construían a partir de un armazón compuesto de grandes vigas verticales y horizontales, cubierto con una estructura de tablas. Cada una de las casas, era una unidad independiente, de tal manera que entre una y otra existía una pared medianera, en principio también de madera, aunque en el s. XV comenzará a ser de piedra, como medio de defensa ante los incendios, ya que esa pared aislaría en cierta manera una casa de otra, evitando así la propagación del fuego.

2.CASAS DE PIEDRA

Junto a las casas de madera, se construyen también, sobre todo como decíamos a partir de mediados del s. XV , casas con otros materiales, que vamos a llamar casas de piedra en general, aunque en muchos casos sean casas de madera, mampostería y ladrillo; En realidad las casas de piedra no son más que las de los nobles, y éstas son consideradas casas fuertes o casas-torre, precisamente por el material utilizado, mientras que las casas de la mayor parte de la población, con ese entramado de madera relleno de ladrillo y mampostería, son casas Llanas. A estos materiales mencionados hay que añadir las escorias, en los lugares próximos a las ferrerías, donde este material se emplea también para la construcción, como podemos ver todavía en la actualidad en sitios como la cerca dé la villa de Munguía o los edificios anejos a la ferrería de Olabarría de Ceánuri.

En relación con el material de construcción utilizado. se diferencian dos tipos de casas, las mencionadas casas llanas y las casas torre. Las villas tienden a poner dificultades a la construcción de casas fuertes en su recinto por los problemas que podrían derivarse de su existencia, así lo vemos, por ejemplo. en Bilbao; cuando Francisco de Arbieto en 1505 construye su casa. la villa, temerosa de que sea una casa-torre le pone dificultades, a las que responde Arbieto declarando que su casa no es fuerte, sino llana, pues en ella nadie se podría encastillar porque estaba construida en madera y ladrillo, con una pared delgada del tamaño de un ladrillo, teniendo únicamente de cal y canto la portada. Así pues, los materiales utilizados diferencian los tipos de casas, denominándose casas-torre a aquellas viviendas construidas en piedra o cal y canto; éstos, una vez pacificados los bandos, y tras el desmoche de las torres, en muchas ocasiones se reconstruyeron con un aspecto menos belicoso y más civil, edificándose entonces en ladrillo el segundo piso.

3. LA ESTRUCTURA DE LA VIVIENDA

Dado el tamaño de los solares y la necesidad de conseguir huecos a la calle, las casas suelen ser profundas y con dos puertas al exterior; el acceso a la vivienda y la tienda.
En un principio, el alzado de la casa es sencillo y claro. Se compone de planta baja, primer piso y una especie de sobrado, siendo casas unifamiliares. La planta baja solía estar construida con materiales más resistentes que la madera, y contaba con los dos vanos a la calle a los que ya nos hemos referido, el portal que da acceso ala vivienda superior y el que da entrada al taller artesano o la tienda. La parte posterior de esta planta baja suele ser aprovechada como corral, cuadra, bodega, etc., lo que queda de manifiesto en el hecho de que las ordenanzas de Guernica consideren como algo habitual que en cada casa haya un cerdo, y que las de Portugalete hablen en el mismo sentido de las cabras. La parte delantera de esta planta suele estar ocupada por la tienda, en la que se exponen las mercancías, o por el taller artesano correspondiente. A partir de este hueco de la tienda, al abrir la misma, se sacan a la calle una especie de mostradores, llamados tablas, en los que las mercancías se muestran al público, excepto los domingos y las fechas en que se celebrara alguna fiesta religiosa importante, o días en los que estaba prohibido sacarlas. Estos tableros parecen plantear serios problemas, conservándose numerosos pleitos que versan sobre los conflictos surgidos en tomo al tablero, en tanto que éste molesta o supone un obstáculo a las ventanas abiertas en el primer piso; en ocasiones las mercancías quitan visibilidad a esas ventanas, mientras que otras veces son los habitantes del primer piso quienes molestan a los dueños de la tabla.
En esta planta baja en ocasiones se ubica también la cocina, pero lo normal es que ésta se encuentre en el primer piso, al que acaba ascendiendo en el caso de que en un primer momento no estuviera en él. En este primer piso es donde se desarrolla la vida familiar, normalmente en torno a la cocina, y donde se sitúan los dormitorios. Las Ventanas a la calle no eran muy amplias debido, principalmente, al problema que suponía cubrir sus huecos sin quitar la luz al interior, para lo que se empleaban telas o papeles encerados, recurriendo en muy contadas ocasiones a los vidrios. Sobre este primer piso se encuentra el sobrado utilizado para guardar todos aquellos productos necesarios tanto para el desarrollo de la actividad profesional, como para la vida diaria.

Allí se guardan las pajas, hierbas y linos necesarios para la familia, los cuales, según las ordenanzas de Guernica y Portugalete, debían de guardarse en lugar seguro.
Los tejados de estas casas sobresalían abundantemente con respecto a las paredes exteriores, siendo utilizados, de esta manera, como refugios frente a la lluvia para los viandantes. Con este mismo fin, en algunas calles, aquéllas que se encontraban al lado o alrededor del lugar en el que se celebraba el mercado, existían soportales, que, al mismo tiempo, permitían aumentar el tamaño de las viviendas y proteger los tableros de la planta baja. Así nos lo demuestra, por ejemplo, el pleito que en 1505 se desarrolla entre el concejo de Bilbao y el vecino de esta villa, Francisco de Arbieto. Entre otras cosas, este Arbieto quiere hacer "edificio encima del portal", y, para ello, sacar andamios hacia la calle, alegando que "...en la dicha villa hay otras muchas casas y aun torres que tienen sacados andamios sobre los portales y petriles de la dicha villa, y aún todas las torres que están en la misma cerca de la villa tienen sacados los dichos andamios sobre los dichos petriles hasta igualar las esquinas de las dichas torres de Iuengo a Iuengo de partes de las calles con los andamios que salen de la cerca a la plaza de manera que por todas partes son iguales, así están todas las torres que tienen andamios sobre la dicha plaza... .
Hasta ahora, hemos hablado de la casa como vivienda unifamiliar, aunque ya hemos hecho alusión a que puede existir una disociación entre los vecinos de la planta superior a los dueños o usufructuarios de las tiendas. Además de esto, en ocasiones las viviendas pierden su sentido unifamiliar, con lo que abandonan también la sencillez a la que antes hacíamos referencia. Debido a la presión demográfica, en lo que antes era un solar para la construcción de la vivienda de una sola familia, pueden aparecer dos vecinos. Las soluciones que ante esto se toman pueden ser varias: elevar un piso más la vivienda, dividirla verticalmente por la mitad, lo que con mucha frecuencia sucede en los repartos de herencia, o dividirla horizontalmente, viviendo cada familia en una planta.
A fines del s. XV, los ejemplos de casas en los que habita más de una familia o cuya propiedad estaba dividida son numerosos: las fogueaciones de las villas lo demuestran con exactitud, así como las situaciones de un propietario de varias casas, que cede en arrendamiento; en la misma línea, informa el catastro vaimasedano de 1487 o documentos sueltos del tipo del que recuerda que, en 1491, en Durango, María de Uriondo, vecina de esa villa, poseía unas medias casas en la calle Yusera, que debió entregar en prenda y empeño. Ahora bien, no siempre la partición de casas es fácil, sino que, a menudo, surgen graves problemas con este motivo, hasta el punto de llegar a tener que deshacer una venta previamente realizada de medias casas, por las dificultades que surgen a la hora de la división.

4. CASAS TORRES

Junto a la vivienda rural y la vivienda urbana, existen en Vizcaya otro tipo de residencia, las casas-torre. Aparecen en Vizcaya en la Baja Edad Media, entre los ss. XIII y XV, siendo seguramente en el s. XIV su momento de apogeo. La datación documental de estos edificios no es fácil, pero se advierte en muchos de ellos la presencia de elementos o estructuras gotizantes, como pueden ser los arcos apuntados de puertas y ventanas; teniendo en cuenta el retraso con que estos elementos llegaron al Señorío, puede pensarse que muchas de ellas se levantaron entre mediados del s. XIV y mediados del XV, época que coincide además con las turbulencias banderizas. La construcción de este tipo de edificación se debe alas necesidades del momento, a las luchas y enfrentamientos que encabezan los parientes mayores. Dada esta circunstancia, no es extraño que los Fueros se hagan eco de su existencia y permitan que cualquier hidalgo pueda construir su casa fuerte. Pero, en la realidad cotidiana, parece que aunque, en efecto, cualquier hidalgo vizcaíno puede poseer casa de este estilo, quienes en realidad las poseen y construyen son los parientes mayores, refugiándose en ellas en los momentos de peligro los restantes miembros del linaje o del bando. Esto pone de manifiesto la principal función de estas casas-torre: de servir de residencia a su propietario, al mismo tiempo que dé lugar de defensa para el mismo y su linaje y de emplazamiento a partir del cual éste domina la zona circundante. Pero a pesar de este aspecto defensivo que las casas-torre indudablemente tenían, su emplazamiento no parece responder siempre a una preocupación estratégica, sino que, por el contrario, parece que el lugar escogido para su edificación responde a otras motivaciones. En este sentido, podemos destacar el caso de las Encartaciones, donde las casas torre, además de encontrarse situadas a muy escasa distancia unas de otras, se encuentran ubicadas a las orillas de los ríos o en lugares próximos a las rutas comerciales.

Por lo que se refiere al tipo de torre propia de la zona vizcaína, habría que señalar que no difieren de las existentes en el resto del norte de la Península, pudiendo incluirse en el grupo del País Vasco, Santander y Asturias. Estas torres vizcaínas son por lo general, de dimensiones más modestas que las del resto de España: su importancia es siempre menor y no forman parte integrante de su sistema defensivo de mayores dimensiones. El único ejemplar que puede equiparse a los castillos de otras zonas es el de Muñatones. Es la más completa de las torres vizcaínas; consta de dos recintos amurallados y una torre en su interior que destaca por su fortaleza; si tenemos en cuenta los elementos de ataque de la época, es prácticamente inexpugnable. La torre interior contaba con una construcción realizada a base de dos muros, con interposición entre ellos de un espacio de un pie, siendo de diez el espesor total del muro; resultan pues dos torres concéntricas, siendo la exterior un elemento protector, una especie de fuerte blindaje de la interior.

El resto de las torres que pueden encontrarse en el medio rural o en las villas eran más reducidas y con menor aspecto de fortaleza; las rurales cuentan con mayores elementos defensivos, almenas y cadalsos, mientras que las de las villas se debaten entre este tipo de elementos y un aspecto más tranquilo, de residencia urbana.

1.LA TORRE RURAL

La mayoría de las torres rurales se encuentran situadas a las orillas de ríos y, en muchas de ellas, aparece como complemento indispensable el molino, situado en un lugar inmediato a la torre, también en muchas ocasiones, y esto es una característica del conjunto que forman las torres vizcaínas, estas cuentan con una ferrería, rasgo típico de la hidalguía ferrona. Asimismo, hay que señalar la frecuencia con la que aparece una ermita en sus cercanías, pudiendo decirse que el conjunto de torre, molino, ferrería y ermita es algo que agrupa las aspiraciones de todas las necesidades defensivas, materiales y espirituales de los señores de esta época medieval.
En general, estas torres son de planta cuadrada o rectangular, con gruesos muros de mampostería y esquínales de sillería. Los huecos son estrechos y altos y pueden contar con una o dos puertas de acceso; en este caso, la segunda se encuentra a la altura del piso principal, dando acceso a las piezas nobles de la torre, mientras que las puertas bajas lo hacían a los establos y cocinas. A las puertas elevadas se llega a través de puentes tendidos sobre un foso, o bien a través de patines.

Para la defensa de estas torres se cuenta con la existencia de saeteras y almenas en lo alto de los muros, existiendo también el correspondiente paseo de adarve, elementos que, lo mismo que los cubos de las esquinas, faltan en raras ocasiones.


Las escaleras de acceso están igualmente equipadas con elementos defensivos, tales como los cadalsos o los voladizos de madera que, avanzando sobre los muros, impedían el acercamiento de enemigos mediante el recurso de arrojar toda clase de líquidos hirviendo; estos cadalsos están formados por una serie de pies derechos apoyados en las prolongaciones de las vigas del piso. Para obtener una defensa más eficaz, las torres contaban delante de la puerta de acceso con un patio de armas o una barrera. Sobre todos estos aspectos tenemos constancia documental; así, cuando se diferencia una casa-torre de una llana, esta diferenciación se realiza en razón de las saeteras y troneras así como del espesor de los muros los cuales, en la mayoría de los casos, pasan de metro y medio, observándose en algunas torres la disminución de este grosor en los pisos altos. Estos muros son en su mayor parte de mampostería, siendo contadas las torres construidas totalmente en piedra de sillería, material cuyo empleo supone una relativa modernidad en la edificación.

En algunas torres, el remate lo constituía un cuerpo de madera saliente en voladizo sobre las primeras plantas dc piedra. Ahora bien, también hay excepciones a estas normas generales, y así nos encontramos con que la torre o castillo de Elejabeitia debió estar construida de madera en su mayor parte.

Frente al exterior de piedra, la estructura interior de las casas-torre era de madera, por lo que, en la actualidad. la mayor parte de ellas se encuentran huecas. En la planta baja existía una columna de madera en el centro, el poyal, que es el principal punto de apoyo de todo el entramado interno de la torre.

Sobre este pilar se apoyaban dos carreras cruzadas sobre las que cargan las vigueras y el suelo del piso superior que, por otra parte, presenta también en el centro un pie derecho y otros soportes de madera adosados a los ángulos ya los muros interiores del edificio para apeo de los suelos de las plantas siguientes, en las que se repite la misma estructura. Cuando la torre es de menores proporciones, las vigas o las carreras pueden ir de fachada a fachada, incrustándose en los muros para sustentar las vigas de la techumbre de la planta principal, dispuestas perpendicularmente.

En la primera planta, se encuentran las cocinas, caballerizas y otras dependencias secundarias. Esta planta carece de ventanas y recibe la luz a través de la puerta y las saeteras. La existencia de vanos en los dos pisos superiores nos permiten afirmar que se encontraban en ellos las viviendas de los señores. En la planta principal vivía el Jáuregui, y en la superior o superiores el resto de la familia y los servidores. En sus muros se abren ventanales con asientos adosados en el intradós de los muros, lo que pone de manifiesto el destino civil o familiar de estas dependencias, mientras que los pisos superiores con sus saeteras, almenas, matacanes, etc. presentan un carácter defensivo.

A mediados del s. XV , Enrique IV ordena el desmoche de estas torres. Los parientes mayores menos poderosos sufrieron un duro golpe con esta medida y poco a poco fueron transformando sus torres en caseríos, compartiendo así sus antiguos modos de vida con el trabajo en el campo. Precisamente, esta transformación experimentada por muchas casas-torre, que vieron reducir su altura y añadírseles partes complementarias, ha permitido su conservación, incluso en algunas con soluciones tan pintorescas como la de instalar un granero en la parte superior, tal y como puede verse todavía en algunos caseríos torre de Güeñes y del valle de Cadagua.

Estas transformaciones ponen de manifiesto su progresiva adaptación en casas de labranza, con más aspecto de caseríos que de torres.

Para este articulo hemos tomado como referencia el libro “ Euskal Herriko baserriaren arkitektura”.

Caserio de Lemoa
Lemoa
Astoreka
Astoreka
Goienetxe, solar origen de los apellidos Goyeneche, Gojeneche y Goxeneche.
Goienetxe